Sostenibilidad

Actualización del proyecto BIOECOREST: usando los lodos del Guadalquivir para impulsar la regeneración marina a través de la ecología circular

Meses después de empezar el proyecto BIOECOREST de restauración de la naturaleza a través de las tecnologías de la arcilla, ya podemos hablar de resultados fascinantes. Esto es lo que ha estado pasando en el laboratorio del Ecotejar de todobarro.

Tiempo de lectura: 9 min

El año pasado hablamos en el blog de todobarro acerca de un proyecto de investigación que estaba entonces en sus etapas iniciales. Se trataba de una propuesta para investigar cómo las tecnologías de la arcilla podrían contribuir a la recuperación de ecosistemas marinos y fluviales afectados por la crisis climática, utilizando como materia prima los lodos resultantes del dragado del río Guadalquivir.

Al igual que la tierra se desertiza sobre nuestro suelo, y los paisajes se vuelven más homogéneos, también lo hace bajo el agua. Zonas que antes alojaban bosques marinos, ahora son grandes extensiones de roca inerte. Entre toda la pérdida de biodiversidad que han sufrido nuestras costas en las últimas décadas, destacan las comunidades de Cystoseira o Ericaria. Este género de algas pardas constituye la base de los bosques marinos en el mar Mediterráneo y parte del océano Atlántico, y se ha visto dramáticamente afectada por el cambio global, dentro del cual factorizan colonizaciones de especies invasoras, la contaminación, el sobrepastoreo por especies herbívoras, y, por supuesto, la crisis climática.

A lo largo de este año, hemos testeado en nuestro laboratorio diferentes composiciones cerámicas, comerciales y propias, dirigidas a la creación de sustratos para regenerar la especie Ericaria selaginoides. En el laboratorio de todobarro hemos desarrollado además formulaciones circulares, combinando lodos del Guadalquivir con otras materias primas que vamos explorando. Además de investigar y experimentar con los sustratos, redujimos las opciones de prototipado a los discos de arcilla que usamos actualmente, donde sembramos y cultivamos los juveniles de E. selaginoides.

Después de meses de trabajo, hemos pasado a la siguiente fase del proceso. Trasladamos los sustratos sembrados a las zonas de trabajo para probar su eficacia sobre el terreno. Esta técnica de repoblar zonas comprometidas con soportes artificiales no es nueva, pero nunca se había implementado aquí, y de forma novedosa, a través de la visión de la circularidad, creando sustratos con materias primas locales.

Primer piloto in situ de BIOECOREST en el Mar de Alborán

La Costa del Sol es un territorio profundamente modificado, urbanizado, y que cuenta con un gran porcentaje de playas arenosas. Son pocos los lugares de nuestra costa que tienen un espacio rocoso capaz de proporcionar las condiciones necesarias para albergar comunidades bentónicas (es decir, de aquellos seres que habitan el fondo de los ecosistemas acuáticos).

La roca es la base sobre la que colonizan flora y fauna. En ella es donde ocurre la sucesión ecológica y donde se forman hábitats que atraen y sustentan la vida marina, como es el caso de la E. selaginoides. Nuestro primer piloto se desarrolla en uno de los pequeños reductos que sirven de «santuario» para la vida marina: las plataformas rocosas de la costa suroeste de Málaga. En el rincón de esta comarca existe una zona no protegida de elevada biodiversidad, un auténtico jardín marino dentro de la comunidad, que alberga una población de E. selaginoides ideal como población donante para BIOECOREST, dado su buen estado de conservación.

En nuestro primer piloto hacemos frente a múltiples retos al mismo tiempo. Mientras adaptamos la técnica a la especie y lugar para maximizar el éxito, damos respuesta a los procesos naturales y humanos que ocurren a su alrededor: pesca, pisoteo, recolección o la llegada del alga asiática a este entorno. Si hay algo que nos está enseñando este proyecto es que está vivo, y durante este año hemos visto desarrollarse a tiempo real la relación que se genera con el entorno cuando aplicamos conceptos de ecología circular.

¿Cómo se plantan algas en el mar? Un proyecto que se relaciona con el entorno

Desarrollamos nuestro proyecto piloto en una zona donde la población local acude a pescar. En las rocas habitan colonias de mejillones, que se recogen cuando es temporada: al hacer estas pequeñas cosechas, se revelan hendiduras y oquedades en las rocas, y es ahí donde aprovechamos para instalar nuestros sustratos. Gracias a esta relación con una actividad que ya existía, el proyecto no es invasivo ni disruptor para el medio. Atornillamos los discos cultivados (que son biológicamente inocuos) a las rocas sin tener que sacrificar otras especies para hacerles espacio.

Una vez instalados los cultivos, comienzan a establecerse relaciones desde su implementación con el resto del entorno. Las estructuras sembradas comienzan a atraer múltiples especies de fauna marina: lapas que ramonean a su alrededor alimentándose de detritus marino, balanos que comienzan a colonizar, crías de anémonas y liebres marinas que encuentran cobijo bajo la propiedad bioclimática de la cerámica con su «efecto botijo».

Pero, como buen bosque, también sirve de alimento: en este caso para peces herbívoros como son las salpas o salemas. La proliferación excesiva de las salemas supone otra de las principales amenazas para los bosques de algas pardas, que actúan como un «cortacésped». Aunque no eliminan los individuos por completo, pueden reducir la magnitud de sus frondes, limitando su función de refugio, su producción de oxígeno o la retirada de nutrientes en estas especies. Y, es más, eliminando las ramas fértiles. Esto puede suponer un «efecto embudo» que reduce las posibilidades de que estas algas puedan reproducirse de forma exitosa y formar nuevas generaciones.

Es aquí donde entran en juego los pescadores locales, cuya actividad se ve afectada positivamente por el bienestar del ecosistema que estamos intentando ayudar a prosperar. Cuanto mejor le va a los bosques marinos, mejor le va a la biodiversidad. La flora atrae a la fauna, lo cual tiene un impacto muy ventajoso en un sector primario tan importante en nuestra zona como es la pesca. Realizada de forma sostenible, esta se convierte también en un agente de cuidado del ecosistema.

Los desafíos de la crisis climática: ¿podemos hablar de incendios marinos?

Como detallaremos en nuestro blog en un artículo dedicado a la E. selaginoides, estas algas son organismos monoicos: un mismo individuo posee estructuras que albergan células germinales masculinas y femeninas. Con los cambios de marea, estas células salen al medio marino, donde se produce la fecundación y se forma un embrión.

«Lo que hacemos es a partir del conocimiento de su biología reproducir in vitro a la especie, sembrando los embriones sobre sustratos cerámicos que poder instalar ad hoc», dice Raquel Sánchez de Pedro, nuestra investigadora jefe a cargo del proyecto. «Esto es sólo posible gracias a la ciencia básica, a múltiples investigaciones sobre la biología para poder llegar a esta aplicación, impulsada hace más de 10 años por grupos de investigación como el liderado por la Dr. Annalisa Falace en Trieste, Italia, que ha encabezado los principales proyectos europeos de restauración de Cystoseira. La Dra. Falace, parte del equipo externo colaborador de BIOECOREST, cree firmemente que los avances a través de la aproximación tecnológica de todobarro van a suponer una revolución y avance en este campo».

Buscando soluciones para circunvalar a las altas temperaturas

Una vez que consiguen desarrollarse, los bosques marinos de algas pardas son muy resistentes y resilientes, pero hasta que llegan a la madurez son sistemas vulnerables. Raquel nos explica que la temperatura viene siendo uno de los elementos más limitantes para el éxito del proyecto. Estas algas pueden habitar en entornos costeros que están sujetos a los cambios de las mareas, lo que se conoce como zona intermareal, y esto quiere decir que las poblaciones de E. selaginoides quedan descubiertas durante las mareas bajas, expuestas al sol, la desecación y la radiación UV.

“Una de las principales amenazas a la restauración marina es el cambio climático, en particular en el intermareal”, dice Raquel. “Las olas de calor, que no pasan solo en verano, literalmente fríen las comunidades naturales y los sustratos repoblados que quedan expuestas con la bajamar. Podemos hablar de incendios marinos: estamos echando una carrera contra las altas temperaturas y tenemos que encontrar estrategias que avancen más rápido de lo que lo hace el cambio climático”.

Para circunvalar este primer obstáculo, estamos criando los ejemplares bajo el agua como ya han hecho en otras áreas del Mediterráneo y Atlántico, en localizaciones protegidas por el microrrelieve del terreno, buscando alternativas y soluciones que permitan sobrevivir a los ejemplares el tiempo suficiente como para resistir las altas temperaturas.

Próximos objetivos del proyecto

Actualmente nos encontramos en la fase de encontrar las estrategias de instalación que optimicen la supervivencia de los cultivos. Tenemos un sensor que nos da datos de temperatura a tiempo real para saber dónde y cuándo plantar, y vamos probando diferentes localizaciones que minimicen el sufrimiento de los bosques durante su desarrollo.

todobarro apuesta por el bioclimatismo en la arquitectura, pero este eje lo estamos trasladando más allá de nuestras ciudades y espacios. Ya estamos desarrollando nuevos prototipos y estrategias que nos permitan crear hábitats más benévolos para los organismos marinos, y en particular para estas especies.

A la vez, seguimos investigando y experimentando con diferentes técnicas que no solo sacamos del corpus de experiencia científica, sino de la tradición del oficio alfarero con la que se vincula todobarro (algo en lo que profundizaremos en artículos posteriores en este mismo espacio).

Una vez que esté refinado este proceso en las zonas de experimentación donde estamos trabajando, podremos escalar la operación y llevar el proyecto a otras poblaciones que actúen como receptoras donde la especie ha sufrido una fuerte regresión, donde podremos medir el impacto de BIOECOREST en ecosistemas críticos que necesitan una recuperación urgente.

 

Artículo corregido y revisado por Raquel Sánchez de Pedro

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Todobarro
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