Casa Uva: una escalera de barro cocido hacia la sutileza
Esta casa vejeriega captura la magia de la luz mediterránea y la sencillez de los materiales
A apenas una docena de kilómetros de la costa gaditana, y a doscientos metros sobre el nivel del mar, se erige el pueblo de Vejer de la Frontera, conocido como uno de los pueblos más bonitos del sur peninsular. Vejer está en el ecosistema de los conocidos como “pueblos blancos”: un conjunto de pequeñas localidades entre las provincias de Cádiz y Málaga que mantienen intactas las características más reconocibles de su arquitectura vernácula, entre las que destaca el tradicional encalado de las paredes que da nombre al conjunto histórico de localidades andaluzas.
En este enclave privilegiado está la Casa Uva, un pequeño alojamiento rural regentado por una pareja hispano-neerlandesa, entusiasta del pueblo y su cultura, donde el estudio de la artista e interiorista Naomi Venetiaan, a cargo de N J Studio, ha elegido nuestro ladrillo rústico para su escalera de barro. Este formato de ladrillo es un clásico atemporal, versátil, que se adapta a distintos proyectos y estéticas, generando una atmósfera cálida y clásica pero discreta, que permite la convivencia con elementos contemporáneos y componentes rompedores.
Capturar la luz en una escalera de barro
Basta con echar un vistazo a las fotos del proyecto para darse cuenta de que el interiorismo de la Casa Uva es un ejercicio de experimentación con la luz y sus matices. Un gran patio mediterráneo, ventanas amplias y un tragaluz permiten la entrada a discreción de la luz de la costa gaditana, y la interiorista ha hecho una selección de formas y materiales que consiguen capturar esa luminosidad tan característica, moldeándola para crear un ambiente lleno de textura y carácter contra un espacio aparentemente plano.
La paleta de colores respeta perfectamente la del exterior de la vivienda, manteniéndose dentro de los tonos claros, cálidos y terrosos que cubren las calles de la ciudad. Para ello, N J Studio ha hecho uso de materiales tradicionales de la arquitectura vernácula de Vejer: mortero de cal, fibras naturales y ladrillos cerámicos para el suelo y las escaleras.
Las baldosas artesanales de todobarro han encontrado su sitio en una escalera que recibe luz directa desde el patio. Esta feliz circunstancia hace que se pueda apreciar en un solo espacio cómo las diferentes tonalidades de nuestra cerámica reaccionan ante las diferentes incidencias de la luz: en el primer tramo, donde cae de pleno la luz natural, resaltan todos los matices cálidos del color Paja. Se pueden valorar los tonos rosados y amarillentos que la cocción otorga naturalmente a este color. Y en el segundo tramo, que está en sombra, se pueden apreciar las tonalidades más profundas del barro, donde se despliega la paleta de marrones tierra que conforma la base de los ladrillos cerámicos.
En resumen, se trata de un proyecto lleno de ingenio y delicadeza, que demuestra, una vez más, que el barro cocido es un aliado infalible para transmitir a la vez sutileza y contundencia en las formas y en el fondo de las decisiones tanto arquitectónicas como de interiorismo.
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