Arquitectura bioclimática, barro cocido y tradición popular

30 abril, 2021

La arquitectura bioclimática pretende aprovechar las condiciones medioambientales para reducir los desperdicios y maximizar el ahorro energético.

A pesar de que la terminología puede tener resonancias posmodernas, la arquitectura bioclimática no es ni mucho menos algo nuevo. No es necesario alejarnos demasiado de nuestro eco-tejar para encontrar ejemplos antiguos de esta práctica.

Ejemplos de arquitectura bioclimática

En la propia provincia de Málaga encontramos una parte de los conocidos Pueblos Blancos andaluces. Este conjunto de municipios (cuya ruta se extiende entre Málaga y Cádiz) recibe el sobrenombre del encalado de sus paredes.

Y es que, tal como descubrieron nuestros antepasados árabes, cubrir las paredes exteriores de nuestras casas de cal es una forma estupenda de reflejar la luz del sol y con ello aislar térmicamente las casas de forma eficaz en contra del sol andaluz.

Tampoco es casualidad que se encalen las casas de la serranía de Ronda y la sierra de Grazalema. La materia prima local, las condiciones ambientales y la tradición de la zona son exactamente las necesarias para sostener la producción de cal que da color a los Pueblos Blancos.

El aprovechamiento sostenible de los recursos naturales constituye, en este caso, un ejemplo claro de arquitectura bioclimática.

El futuro es deudor de la arquitectura popular

Las estrategias de ahorro energético tienen mucho que agradecer a la sabiduría popular. Y es que, durante siglos, las clases humildes han tenido que aprovechar los recursos naturales del entorno para cubrir necesidades básicas, a falta de acceso a fuentes de energía que hiciesen lo propio.

La orientación de las viviendas es otro ejemplo de arquitectura bioclimática. En el norte es costumbre orientar las viviendas rurales para aprovechar al máximo la luz solar. En los trópicos, para aprovechar los vientos alisios y mejorar la ventilación.

Hasta hace unas décadas, este tipo de prácticas era patrimonio exclusivo de las clases populares. Si los dueños de una vivienda podían permitirse una instalación eléctrica, la orientación de la casa para conseguir luz solar dejaba de ser relevante.

Unos años más tarde, ocurría lo mismo con los equipos de climatización artificial: quien pudiese permitirse la instalación de calefacción y aires acondicionados podía prescindir de muros gruesos u orientaciones hacia los alisios.

Ahora que la inmensa mayoría de la población en países ricos acceso a la electricidad, la sostenibilidad arquitectónica deja de ser una obligación circunstancial. El cambio climático la convierte, sin embargo, en una necesidad ecológica.

Cómo se relacionan la arquitectura bioclimática y las baldosas de barro cocido

Los conceptos que maneja la arquitectura bioclimática están principalmente relacionados con la radiación solar. El grado de incidencia, las horas de luz al año, y la accesibilidad hasta la vivienda son conceptos importantes a tener en cuenta.

Con respecto al consumo de energía que los seres humanos hacemos para hacer nuestras viviendas habitables, las condiciones creadas por el sol son las más importantes. Como hemos dicho antes, el calor en verano, el frío en invierno y el grado de humedad todo el año son las causas principales por las que usamos dispositivos y sistemas alimentados con combustibles fósiles.

Para evitar la pérdida de energía, es necesario, en muchas ocasiones, contar con materiales aislantes que maximicen la eficiencia energética. Hay una multitud de materiales que pueden proveer un aislamiento término eficaz. Sin embargo, para respetar los principios de la arquitectura bioclimática, del ecodiseño y de la sostenibilidad, es necesario que dichos materiales sean tan ecológicos como sea posible.

Es el caso de los suelos de barro cocido: se trata de una forma tradicional, no contaminante y altamente eficaz de mantener los niveles de humedad. También es un excelente aislante térmico, presenta una extraordinaria durabilidad, y absorbe malos olores dentro de las viviendas.

En todobarro vamos un paso más allá en la sostenibilidad de nuestra producción

En ocasiones anteriores hemos hablado de cómo las baldosas y los azulejos de barro cocido actúan como aislantes térmicos y contribuyen al ahorro energético.

Esto ya de por sí es una gran contribución a la sostenibilidad de una vivienda o edificio: cuanta más estabilidad térmica haya en una casa, menor será la inversión en regulaciones artificiales.

En todobarro, sin embargo, vamos un paso más allá. Recurrir a materiales sostenibles no sirve de nada si en el proceso de fabricación de estos se emiten tantos residuos y las emisiones de carbono como se pretenden ahorrar más tarde.

Por eso, queremos que nuestra consideración de empresa ecológica no sea meramente un título honorífico, sino una descripción de la totalidad de nuestro proceso de producción, de principio a fin.

Fabricamos nuestras baldosas y azulejos con las mismas técnicas que usaban nuestros antepasados nazaríes hace seis siglos. Dejamos secar las piezas al aire libre, y nos hemos librado de los plásticos para el embalaje y el traslado de los pedidos.

Solo fabricamos bajo demanda, por lo que no desperdiciamos ni un gramo de materia prima innecesariamente, ni usamos más recursos de los estrictamente necesarios para cumplir con nuestros proyectos.

Todo esto hace de nuestros suelos de barro cocido los aliados perfectos para proyectos de arquitectura bioclimática. Una de las principales resistencias dentro del sector es la dicotomía entre diseño y sostenibilidad. En nuestra apuesta por el diseño hemos encontrado que dicha dicotomía es falsa: se puede apostar al 100% por la sostenibilidad y por el diseño a la misma vez sin que ninguna de las dos cosas se vea perjudicada.

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