Resiliencia urbana: ciudades verdes y sostenibles

15 diciembre, 2020

La resiliencia urbana propone una manera de construir ciudades que permitan la supervivencia y adaptación a todo tipo de cambios desde un punto de vista sostenible

El ser humano a demostrado a lo largo de los siglos una gran capacidad de adaptación a diferentes entornos, tratando de encontrar un equilibrio entre el espacio natural y la ciudad. Sin embargo, algo se torció por el camino. A consecuencia del cambio climático, en las dos últimas décadas los desastres naturales han aumentado. El futuro del planeta y de los seres que lo habitamos, no solo el de los humanos, es más incierto e inestable que nunca. En este contexto de cambio surge el concepto de resiliencia urbana o ciudad resiliente.

Cambio climático y resiliencia urbana

Según datos de la ONU-Hábitat, el programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, el 50% de la población vive en ciudades y está previsto que esta cifra llegue al 70% en 2050. Por este motivo, es necesario encontrar fórmulas que permitan a las urbes afrontar nuevos desafíos. Prepararse, resistir y recuperarse de cualquier cambio drástico y repentino, ya sea por causa de una catástrofe natural o humana.

La resiliencia urbana proporciona estas herramientas. Otorga a las ciudades la capacidad de mantener continuidad después de catástrofes mientras contribuye de manera positiva a la adaptación y a la transformación sin importar su tamaño o su número de habitantes. De esta manera, se pueden enfrentar seísmos, incendios, inundaciones, huracanes o sequías con pérdidas mínimas.

Desafortunadamente, estas situaciones de alarma son cada vez más frecuentes e impredecibles en todo el planeta. Hay que sumarle, además, los nuevos escenarios que se dan en el mundo tras conflictos armados; así como los cambios sociales o económicos repentinos como el que estamos viviendo a nivel global a causa de la pandemia de la COVID-19.

Qué caracteriza a la resiliencia urbana

Para Naciones Unidas, una ciudad resiliente «evalúa, planifica y actúa para prepararse y responder a peligros naturales y creados por el hombre, repentinos y de inicio lento, esperados e inesperados, a fin de proteger y mejorar la vida de las personas, asegurar los beneficios del desarrollo, fomentar un entorno de inversión e impulsar un cambio positivo». Este escenario ideal no es tan imposible como a priori se pueda pensar.

Existen tres características fundamentales que una urbe debe cumplir para considerarse resiliente:

  • Persistencia. Debe tratarse de una ciudad perdurable. Es decir, debe adelantarse a los posibles impactos manteniendo y restableciendo los servicios básicos antes y después de la catástrofe.
  • Adaptabilidad. Convertir el cambio en oportunidad. Una ciudad solo puede ser resiliente si acepta que la incertidumbre siempre está presente, pero debe responder a ella proporcionando respuestas dinámicas.
  • Inclusividad. Una ciudad resiliente debe fomentar la cohesión social y tener en cuenta el sector más vulnerable de su población ante una catástrofe.

Los edificios en la urbe resiliente

Si nos centramos en la característica de perdurabilidad de la resiliencia urbana, es inevitable centrar la atención en los edificios que conforman una ciudad. Cuando observamos imágenes posteriores a una catástrofe natural, nos impacta ver edificaciones y estructuras totalmente destruidas. Esto nos hace ser conscientes de la vulnerabilidad urbana a la que estamos expuestos.

Desde el punto de vista de la resiliencia, la Arquitectura Sostenible está apostando por un diseño arquitectónico mucho más exigente, identificando las zonas de riesgo de un determinado lugar. Un diseño capaz de establecer los posibles riesgos que se darían en situaciones extremas que permita aplicar estrategias resilientes y que los edificios resistan a los peores escenarios. Este diseño no puede darse si no es desde el punto de vista de la sostenibilidad, incluyendo el uso de materiales naturales y locales de baja emisión de carbono y el uso de energías renovables.

Sostenibilidad y resiliencia urbana

Sin embargo, siendo este diseño inteligente y eficiente la clave, también lo es la capacidad de reorganización espacial en situaciones de emergencia. Lo hemos visto recientemente en España cuando, en plena crisis sanitaria y con los hospitales totalmente desbordados, la Comunidad de Madrid convirtió IFEMA en un hospital de campaña equipado que ofreció un alivio temporal a la saturación de los centros sanitarios. Para conseguir edificios polivalentes en situaciones críticas, se deben prever fuentes de energía renovables, tuberías de agua potable, tomas de electricidad en zonas comunes, etc.

En conclusión, las estrategias necesarias para alcanzar la resiliencia urbana son las mismas que desde, hace décadas, reivindican los movimientos por la sostenibilidad, aunque con una motivación diferente. Las medidas resilientes van más allá de la mitigación y se basan en estrategias que garanticen la seguridad de vidas humanas. Por tanto, los edificios han de ser resilientes para ser verdaderamente sostenibles, y eso implica un planteamiento a largo plazo que nos ayude a afrontar escenarios hostiles.

Union Europea
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